El mejor podcast infantil de psicología y educación emocional.
La infancia plantea grandes preguntas: «¿Qué significa equivocarse?» «¿Tenemos que compartir?» «¿Por qué nos enfadamos?» «¿Por qué?» «¿Por qué?» «¿Por qué?». Acompañar esas dudas es clave para fomentar un crecimiento saludable, por eso hemos creado Monito y Ballena, el mejor podcast infantil de psicología y educación emocional.
Detrás de este proyecto estamos Isis Carratalá (educadora social) y Quemuel Paniagua (psicólogo), cofundadores de la Asociación Batiye. Nos encantan las propuestas diseñadas para fomentar la educación emocional en edades tempranas, explicando de la manera más sencilla posible conceptos complejos y procesos relacionados con la salud mental. Con episodios que duran entre 3 y 10 minutos, fomentamos la escucha activa y el aprendizaje significativo. Es un espacio libre de pantallas y sin publicidad, diseñado para que la diversión y el aprendizaje ocurran de forma natural. ¡Dale al play!
Transcripción del episodio «¿Qué son los secretos?»
Monito y Ballena: ¡Hola, hola!
Ballena: Somos Monito y Ballena, y estamos de vuelta en este lugar mágico y especial en el que vamos a hablar de todo lo que tú quieras.
Monito: Y hoy vamos a hablar de algo muy misterioso, que a veces guardamos con llave, y otras veces tenemos muchas ganas de gritar: los secretos. Y tenemos aquí a… ¡Hola! ¿Cómo os llamáis?
Agua: Hola. Yo me llamo Agua.
Tatatachán: Me llamo Tatatachán.
Ballena: ¡Qué alegría teneros de vuelta, Agua y Tatatachán! Y una cosita... ¿ya habéis descubierto qué son los secretos?
Tatatachán: Pues mira: es algo que tú guardas en tu cabecita que no se lo quieres contar a nadie.
Monito: ¡Exacto! Es como un tesoro escondido, que a veces puede ser muy grande y, otras veces, muy pequeñito. Pero decidme: cuando tenéis un secreto muy emocionante guardado en la cabeza, ¿qué sentís en el cuerpo?
Agua: Yo en el cuerpo siento que… Cuando tengo guardado un secreto, siento que: «Oye, ¿no estaría un poco mal? No, creo que no».
Tatatachán: Eeeh… Pues mi cuerpo se siente: «Vaya, qué guay, uuyyyy».
Ballena: ¡Qué curioso! El mismo secreto puede hacer que un cuerpo tenga dudas y que otro cuerpo sienta muchísima emoción. Yo a veces siento un poco de cosquilleo, sobre todo si es una sorpresa fantástica. ¿A que sí?
Monito: ¡Claro! De hecho, ¿hay secretos que os hacen sentir muy felices por dentro? Como hacer un regalo muy especial para una amiga y tener que guardarlo hasta el día de su cumple.
Tatatachán: Sí, porque son muy alegres y son marchosos.
Ballena: ¡Secretos marchosos! Esos son los mejores. Esos secretos dan alegría. Pero, ¿qué pasa cuando un secreto no es bonito ni divertido? Por ejemplo, un secreto que os dé miedo, o que os haga sentir una bolita triste en la barriga.
Agua: Pasa que me siento triste y que me dan ganas de contarlo y no cumplir lo que me dice el otro.
Tatatachán: Pues no lo cuento, y hago sonrisa. Encima, luego se me olvida. Eh… pongo cara feliz, voy con mis amigos o con mi mamá, y ya se me olvida, pero si es triste o que mi mamá se siente mal, pues no se me quita de la cabeza.
Monito: Escuchadme bien: eso que os pasa es una alarma de vuestro cuerpo. ¿Os acordáis del episodio sobre el miedo, cuando salía un perrito guardián? Si un secreto os hace sentir mal, os da miedo o no se os quita de la cabeza, ¡ese secreto no hay que guardarlo nunca!
Ballena: Así es, Monito. No importa si alguien os ha pedido que no lo digáis. Lo más importante es que estéis bien, y para eso, tenéis que pedir ayuda siempre que la necesitéis y nunca, nunca guardar los secretos que sean tristes, que os den miedo o que se queden en vuestra cabeza dando vueltas.
Monito: Por eso es tan importante saber en quién confiar. Si un día necesitáis contar algo muy, muy importante que nadie más sabe, ¿a quién se lo queréis contar?
Agua: Como a mamá, a papá, a los abuelos, o a Tata.
Tatatachán: A mamá, porque me quiere mucho y no se lo contaría a nadie. A mi abuela no, porque se lo dice a los demás.
Monito: ¡Ay, Tatatachán! Seguro que tu abuela se emociona mucho con los secretos marchosos. Buscar a mamá, a papá o a alguien cercano que os escuche con amor es la mejor decisión. Las personas adultas que os cuidan están ahí para deshacer esas bolitas tristes de la tripa.
Ballena: Entonces, pensando en todo esto... ¿Qué hacemos? ¿Hay que guardar todos los secretos, o solo los secretos bonitos?
Tatatachán: Mmmm… Si me lo ha contado algún amigo, y eso, pues los guardaría todos. Porque los feos se me olvidan, pero los bonitos no se me olvidan.
Agua: Sólo los secretos bonitos, porque si no, los otros o los papás, o mamás, o lo que sean, podrán decir: «Oye, que eso es peligroso». Quizá.
Ballena: ¡Qué gran verdad! Los secretos peligrosos o feos nunca se deben guardar. En cambio, los secretos bonitos, los marchosos, ¡esos sí que da gusto guardarlos hasta que llegue el momento de la sorpresa!
Monito: Hoy ya nos tenemos que ir, pero hemos pensado que para el próximo capítulo sería interesante hablar, por ejemplo, de los celos. ¿Sabéis qué son?
Tatatachán: Por ejemplo, es que… Por ejemplo, yo tengo un juguete que a mi amigo le gusta mucho, y tiene celos porque él quiere uno igual.
Ballena: Me parece una explicación maravillosa. Efectivamente, los celos son una mezcla de las cosas que queremos y el miedo a perder lo que ya tenemos, así que en el próximo episodio te contaremos todo lo que sabemos sobre los celos.
Monito: Mientras, puedes mandarnos un mensaje y contarnos todo lo que sabes tú.
Monito y Ballena: ¡Nos vemos en el próximo episodio de Monito y Ballena!
Tatatachán y Agua: ¡Adiós!
Transcripción del episodio «¿Qué es compartir?»
Monito y Ballena: ¡Hola, hola!
Ballena: Somos Monito y Ballena, y estamos de vuelta en este lugar mágico y especial en el que vamos a hablar de todo lo que tú quieras.
Monito: Y hoy vamos a hablar de algo muy divertido, pero que a veces nos cuesta un poquito: compartir. Y tenemos aquí a alguien más a quien podemos preguntar cómo lo llevan. ¡Hola! ¿Cómo os llamáis?
Plata: Yo me llamo Plata
Cucu: Y yo me llamo Cucu.
Ballena: ¡Qué bien teneros de vuelta! Y una cosita: ¿tenéis algún juguete o cosa favorita que os encante y no queráis compartir con nadie?
Plata: Yo no presto a mi osito de peluche, porque es que luego yo me muevo mucho, pero no lo rompo, así que yo no presto mi osito.
Cucu: Es que yo no sé qué puedo prestar, porque por ejemplo, no puedo prestar una cocinita por si la rompen, ¡y es una cocinita nueva! Si la rompen, la tendremos que tirar dentro de muy poco.
Monito: ¡Es totalmente normal! Las cosas que son nuestras y nos gustan mucho las sentimos como un tesoro, y los tesoros, a veces, no los queremos compartir.
Plata: Pero ¿qué es exactamente compartir?
Cucu: ¿Es lo mismo que prestar?
Ballena: ¡Qué buenas preguntas! Para responderlas, Monito y yo tenemos preparada una pequeña sorpresa: resulta que hay una mamá muy guay que siempre nos escucha junto a su hija, y en cuanto se enteró de que en este episodio hablaríamos sobre compartir, que es un tema que le encanta, ¡escribió un cuento sobre compartir! ¿Queréis escucharlo?
Plata y Cucu: ¡Sí! ¡Muy bien!
Había una vez una niña que se llamaba Lía. Tenía un pastel muy, pero que muy grande. Tan grande, que parecía la luna redonda en su plato. Lía miró el pastel y pensó «¡Es mío, y sólo mío!», pero justo entonces llegó su osito de peluche, su muñeca favorita, y su gato, todos con cara de «Yo quiero un poquito de pastel». Lía se quedó pensando. Si compartía, habría menos pastel para ella, pero también habría más sonrisas, así que cortó un trozo para cada uno, y cuando todos probaron el pastel, algo mágico pasó: ¡el pastel no se acabó; creció! Porque cuando Lía compartía, su corazón se hacía más grande, y en él cabían todos los pasteles del mundo. Desde ese día, Lía supo que compartir no es tener menos; es tener más corazones contentos.
Monito: ¿Qué os ha parecido?
Plata: ¿De verdad cuando compartimos tenemos más?
Ballena: Sí, y no. En el cuento, es una forma bonita de explicar que cuando compartimos, somos más felices. No tenemos más tarta, pero sí tenemos y repartimos más alegría.
Monito: Exacto. Compartir significa dar o prestar algo que es tuyo, como un juguete, un plátano para la merienda, o tus lápices de colores, para que otra persona pueda disfrutarlo. Pero hay algo muy importante que a veces olvidamos: compartir siempre debe ser una decisión tuya.
Ballena: Eso es: nadie puede obligaros a compartir algo si no queréis. Es verdad que compartir es muy bonito y generoso, pero si es con alguien a quien no conocéis, o es algo a lo que le tenéis un cariño muy especial, no pasa nada por no compartir.
Cucu: Las personas mayores no quieren compartir su móvil.
Monito: Ese es un ejemplo muy bueno. Las personas mayores tenemos cosas que no queremos compartir, como el móvil, porque ahí guardamos cosas muy importantes: los mensajes, las fotos, el dinero del banco... Son cosas privadas y es normal que no queramos que todo el mundo las pueda usar. Aunque ahora no tengáis móviles, os puede pasar lo mismo con vuestros juguetes: son importantes, les tenéis mucho cariño y quizá los queréis compartir con algunas personas, pero con otras, no.
Plata: ¿Y si comparto mi juguete y alguien lo rompe?
Ballena: Uy, te entiendo muy bien. Cuando compartimos, estamos confiando en la otra persona. Por eso, si vas a prestar algo que te importa mucho, puedes poner unas normas. Por ejemplo, "Te lo dejo un ratito, pero lo tienes que cuidar". Y si ves que alguien no lo está cuidando bien, puedes decir: "Oye, no me gusta cómo estás usando mi juguete. Por favor, devuélvemelo".
Monito: Por eso también es importante cuidar las cosas que nos prestan, decir siempre “gracias” y “por favor”, y devolverlo justo cuando nos lo pidan. Así demostraremos que somos personas confiables con las que se puede compartir sin miedo.
Ballena: ¡Me encanta eso! Cuando compartimos, no solo hacemos feliz a la otra persona, sino que también sentimos mucha alegría por dentro. Además, compartir no es solo de juguetes. También puedes compartir cosas que no se tocan.
Cucu: ¿Pero cómo se va a compartir algo que no se puede tocar?
Plata: ¿Qué cosas son?
Monito: ¡Pues cosas como tu tiempo o tu cariño! Puedes compartir un ratito jugando con alguien, puedes compartir un abrazo, o puedes compartir con tu familia un cuento superchulo que te acabes de inventar.
Ballena: La verdad es que, cuando compartimos, todas las personas salimos ganando algo. La próxima vez que te pregunten si hay que compartir, puedes recordar que tú decides, y que si lo haces porque te apetece, es un regalo que te das a ti y a la otra persona, ¡por eso decimos que compartir es vivir!
Monito: Por hoy ya nos tenemos que ir, pero en el próximo episodio, hablaremos sobre la violencia. ¿Sabéis qué es la violencia?
Cucu: Cuando hacemos cosas malas.
Plata: Cuando tratamos mal a alguien.
Ballena: Pues dentro de dos semanas te contaremos todo lo que sabemos sobre la violencia. Mientras, puedes mandarnos un mensaje y contarnos todo lo que sabes tú.
Monito y Ballena: ¡Nos vemos en el próximo episodio de Monito y Ballena!
Plata y Cucu: ¡Adiós!
Transcripción del episodio «¿Qué es el miedo?»
Ballena y Monito: ¡Hola, hola!
Ballena: Somos Monito y Ballena, y estamos de vuelta en este lugar especial en el que vamos a hablar de todo lo que tú quieras.
Monito: Y hoy vamos a hablar de algo que a veces nos hace sentir un poquito... ¡brrr!
Ballena: Monito, ¿qué te pasa? ¿Tienes frío?
Monito: ¡No, Ballena! Es que el otro día vi una araña muy grande y peluda y sentí algo raro en la tripa. ¡Y mi corazón empezó a latir muy rápido, pum, pum, pum! La profe dijo que eso se llama miedo. Pero... ¿qué es el miedo?
Ballena: ¡Qué buena pregunta, Monito! Es algo que todos, ¡hasta los mayores!, sentimos de vez en cuando. Imagina que dentro de ti tienes un pequeño guardián, como un perrito muy atento.
Monito: ¿Un perrito guardián? ¡Guau, guau!
Ballena: Sí, y tenemos aquí a alguien más a quien podemos preguntarle por su perrito guardián. ¡Hola! ¿Cómo te llamas?
Estiloco: ¡Hola! Me llamo Estiloco.
Monito: ¿Y cómo te imaginas a tu perrito guardián?
Estiloco: Pues me lo imagino como Stich: peludo y azul.
Ballena: ¡Qué bien! Y este perrito guardián está ahí para protegerte. Cuando ves algo que no conoces, como esa araña grande, o escuchas un ruido fuerte y sorprendente, tu perrito guardián empieza a ladrar para avisarte: "¡Atención! ¡Cuidado! ¡Algo está pasando!".
Monito: ¡Ah! Por eso mi corazón latía tan deprisa. ¡Era mi perrito guardián ladrando para avisarme! Y tú ¿a qué le tienes miedo?
Estiloco: No lo quiero decir. Me da vergüenza.
Ballena: Es normal sentir miedo, y que a veces nos dé vergüenza contarlo porque creemos que tener miedo no está bien. ¡Yo le tuve miedo a la oscuridad hasta muy mayor, como hasta los veinte años! Y no se lo quería contar a nadie porque pensaba que se iban a reír de mí, o que me iban a decir que era una tontería, pero luego entendí que eso no es verdad: todas las personas tenemos miedo.
Monito: En el episodio anterior, cuando os preguntamos a qué le tenéis miedo, nos dijisteis cosas que asustan muchísimo: el cambio climático, la muerte, o que le pase algo malo a vuestra mamá. Todos vuestros miedos son importantes. Vamos a escuchar este mensaje que nos ha enviado una niña muy especial:
Mensaje: Hola, Monito y Ballena. Tengo una pregunta sobre el miedo: ¿Por qué algunas veces no nos podemos olvidar del miedo? ¡Adiós!
Ballena: Pues no nos podemos olvidar porque el miedo es como una alarma que tenemos en el cuerpo, pero nunca sabemos cuándo va a sonar. A veces, esa alarma suena por algo que puede ser de verdad peligroso, como cuando nos dice que no toquemos el fuego porque quema. ¡Ahí nuestro perrito guardián nos está cuidando muy bien!
Estiloco: Pero... ¿y cuando le tengo miedo a la oscuridad? Ahí no hay nada peligroso de verdad.
Monito: Tienes toda la razón. A veces, nuestro perrito guardián se asusta un poco con cosas que no entiende bien. Como no puede ver en la oscuridad, se imagina que puede haber monstruos o sombras feas. Quiere protegernos, pero no sabe de qué, así que se pone a ladrar por si acaso.
Estiloco: ¡Sí! ¡Eso me pasa!
Ballena: Cuando eso ocurra, hay un truco secreto para calmar a nuestro perrito guardián. ¿Quieres saber cuál es?
Estiloco: ¡Sí!
Ballena: Lo primero es respirar hondo, como si estuvieras oliendo una flor muy despacito. Y luego, soltar el aire como si soplaras las velas de una tarta de cumpleaños. ¿Lo intentamos juntos? Venga, cogemos aire por la nariz como si oliéramos una flor... ¡y ahora soplamos las velas! ¡Muy bien!
Monito: Y lo más importante de todo: buscar a una persona mayor que te quiera mucho, como mamá, papá, o los abuelos.
Estiloco: ¿Y qué hago cuando los encuentre?
Ballena: Les das un abrazo gigante, ¡el más grande que puedas! Y les cuentas qué es lo que te ha asustado. ¿A quién te gusta a ti darle abrazos de oso cuando necesitas sentirte seguro?
Estiloco: A mi mamá.
Monito: ¡Qué guay! Hablar del miedo ayuda mucho. Nuestro perrito guardián está más tranquilo cuando entiende las cosas. Por ejemplo, mi profe me explicó que esa araña que me daba tanto miedo, aunque era muy grande y peluda, no era peligrosa para los seres humanos y no iba a hacerme nada malo, así que mi perrito guardián se volvió a sentir tranquilo y seguro.
Estiloco: Entonces... ¿el miedo no es malo?
Ballena: ¡Para nada! El miedo es un amigo que nos cuida. Solo tenemos que aprender a escucharlo y, cuando se asuste demasiado, pedir ayuda a la gente que nos quiere para volver a tranquilizarnos.
Monito: La próxima vez que sientas miedo, recuerda a tu perrito guardián interior. Respira hondo, busca un abrazo y ¡cuéntalo! Verás cómo el miedo se hace cada vez más pequeñito.
Ballena: En el próximo episodio, hablaremos sobre las mentiras. ¿Sabes qué son las mentiras?
Estiloco: No.
Monito: Hoy ya nos tenemos que ir, pero en el próximo capítulo te contaremos todo lo que sabemos sobre las mentiras.
Ballena: Mientras, puedes mandarnos un mensaje y contarnos todo lo que sabes tú.
Ballena y Monito: ¡Nos vemos en el próximo episodio de Monito y Ballena!